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Ritmo natural en la memoria corporal
Nueva obra de Pilar Ovalle

El alma se deleita en permanecer encerrada en el cuerpo humano porque gracias a nuestros ojos podemos contemplar las cosas; es a través de los ojos que las variadas cosas de la naturaleza le son representadas al alma...

- Leonardo da Vinci (1)

 

La naturaleza es una gran sanadora. Con el tiempo, a través del tiempo, fuera del tiempo, en el tiempo, es además una compañía constante en el panorama humano. La naturaleza es efímera y eterna. Con todo eso en mente, Pilar Ovalle se concentra en la división entre naturaleza y cultura en nuestra visión cultural y observa cómo nuestras percepciones del mundo que nos rodea han perdido su conciencia del proceso holístico, de la totalidad del círculo y del proceso de la vida. Al adoptar un modelo regenerativo para la interfase entre naturaleza y la cultura, las esculturas de Pilar Ovalle, desde la intervenciones y ensamblajes escultóricos a pequeña escala hasta las obras de gran formato, revelan la actuación de una artista que se acerca cada vez más a sí misma, al proceso y experiencia de su propia vida. Su arte encarna una ética de la identidad humana y pone de manifiesto la capacidad catártica y curativa de la naturaleza, algo central para nuestro sentido consciente e inconsciente del ser. 

El arte de Pilar Ovalle aparece como una anatomía del deseo humano, de nuestra esencia, y al mismo tiempo aborda la búsqueda de nuestros orígenes. La suya es una indagación metafísica donde la naturaleza y la cultura revelan sus conexiones. Esas conexiones son tan modestas como universales. El cuerpo humano se convierte tanto en una fuente, como en la forma pura que alguna vez fue, de tal manera que, en el arte de Ovalle, el cuerpo de esta tierra, el microcosmos y el macrocosmos se hacen inseparables de nuestros sentimientos del ser y del otro. La naturaleza es la gran conectora y Ovalle demuestra con gran pasión que su proceso de trabajo con un elemento tan fundamental como la madera es lo que nos permite sentir esas conexiones.

La continua evolución de la escultura de Ovalle no deja de estimular y alimentar este diálogo sostenido con la naturaleza que, desde mi infancia, ha provocado en mi una fascinación personal porque en Canadá –al igual que en Chile– la naturaleza aparece por todas partes, siempre presente como una fuerza que hay que tener en consideración y respetar. El “naturalismo integral” de Ovalle es algo a lo que el crítico y escritor francés Pierre Restany se refiere constantemente en la escritura de su Manifiesto del Río Negro (1978), reafirmando que la consciencia y la sensibilidad humana puede ser hallada en la naturaleza. Dicho Manifiesto fue creado junto a Frans Krajcberg, escultor que había reciclado los troncos árboles quemados como resultado de la destrucción de la selva amazónica. La estética de Krajcberg guarda muchas afinidades con la de Pilar Ovalle: recuperar madera, construir un idioma escultórico con la esencia de la naturaleza, una ética de la reintegración del alma humana en la naturaleza mediante el arte.
Esto se hace especialmente evidente en su obra Armándose. Sus numerosos compartimientos frágiles y tendenciosos, uno al lado del otro, como si colgasen en la incertidumbre,   funcionan como un símbolo de la compartimentación estructural, de la incertidumbre. Aquí, la contención posee hermosos elementos orgánicos en arcilla que representan el interior de nuestro cuerpo. Los “contenidos corporales” sugieren una voluntad de unidad, al tiempo que las estructuras simbolizan cierto tipo de seguridad, si bien también separan estos elementos. Ya sean de índole política o personal, estas estructuras compartimentadas representan una visión sistémica del mundo aunque ni ellas, ni dicha seguridad, se sostengan plenamente... todo podría venirse al suelo junto con las mismas estructuras que de forma indescifrable mantienen la comunicación entre los distintos elementos mínimos que cada una contiene... Podría ser una referencia a la lesión o al trauma en un sistema orgánico (el cuerpo, la mente y el espíritu) que normalmente se presenta sin necesidad de intervenir o endoctrinar. Este frágil mundo de formas existe en estos riesgosos refugios, en estos lugares donde quedan protegidos de un inconmensurable e incesante caos.
Como en muchas de las esculturas recientes de Ovalle, el proceso da paso a una historia, un relato personal e histórico. Es su autobiografía. La visión de la artista se acerca cada vez más a la obra realizada. Sus obras más tempranas, como Barca, sugerían un simple viaje metafórico a través de la bella esencia de la madera, con su cuidadoso ensamblaje. En cambio, las obras más nuevas aumentan la cercanía entre la ciencia y el arte de nuestro mundo. Somos inseparables de la vida. 

Flow (2009) fue un temprano experimento de construcción de una relación situacional y arquitectónica con el paisaje. Esta escultura similar a una envoltura tridimensional fue encargada para una casa de diseño personalizado en Oregon, al oeste de los Estados Unidos, y recuerda a las instalaciones del escultor japonés Tadashi Kawamata. La diferencia es que Pilar Ovalle se apropia, construye una identidad, lo que permite que sus esculturas incluyan de manera significativa la totalidad inmediata y física aunque muy humana de nuestros mundos interiores y exteriores. Flow es una pista o señal en la que resuena el paisaje de Oregon a través de materiales propios de aquel lugar. La increíble variación de maderas humaniza y habla de una historia. Así, Ovalle toma la madera como un lugar de emergencia, de reconocimiento, de locación...

“La madera es algo tan vivo y contiene tantas posibilidades. Trabajo con ella porque cada árbol tiene una edad diferente y distintas condiciones de crecimiento. Su alcance es tan diferente de otros elemento... Cuando quiero intentar algo, lo que digo es que la naturaleza no me dice cómo tengo que crecer, cómo moverme, cómo pararme. (…) Encuentro tan inmenso lo que la naturaleza nos da.  Es algo muy importante para mi, ese fluir, emerger...” (2)

La guía del ojo y del proceso por parte del artista involucra simultáneamente una liberación y una definición de la fluidez de la forma, lo como se relaciona la construcción como arquitectura con el paisaje natural y las montañas que la rodean, la acogen y la completan. En ese sentido, Flow es una pieza meditativa, una realización contemplativa, algo que también comparten los nuevos trabajos.
 
Pulso (2016) es una vorágine, un torbellino tormentos de madera. Realizada con materiales reciclados y con meticulosa precisión, cada pieza de madera añadida construye una cosmología en su totalidad. Podemos entrar en Pulso y sentir una resonancia en el entrelazado de formas de madera natural. Como un bote o un cuerpo en el que podemos entrar, cada elemento se relaciona con el siguiente. Es como la historia, la construcción de un cuerpo orgánico temporal omnipresente. Entretejer madera se transforma en un lenguaje natural, un diálogo en el que la naturaleza es la voz y nosotros parte de la naturaleza. Entrar en esta obra es como adentrarse en el vientre de una ballena, un gesto ambiental en el nuestros cuerpos, ser y otro, se reconectan. La naturaleza es el principal medio. Por sus dimensiones y concepción, Pulso de Pilar Ovalle recuerda a las instalaciones del brasileño Henrique Oliveira realizadas con madera contrachapada reciclada. Pero el acercamiento. Pero la aproximación en este caso no se preocupa tanto del efecto de superficie como en crear un diálogo entre el ser y el otro. Pilar Ovalle no controla o domina su concepción. En su caso, la experiencia y el lenguaje vernáculo de la escultura se convierten en parte del proceso de su obra, que se mantiene tan unida a los procesos de la naturaleza, es decir, a todo lo que la lleva a completar cada pieza.

Su pieza Dead Matter Emergencies (en la Colección del Ludwig Museum 2016) da origen a una estética viva. Concebida y creada para la exposición Small Gestures en Mucsarnok/ Kunsthalle, Dead Matter Emergencies es un clarín, un crie de coeur que con un sentido de urgencia expresa las tensiones de la vida contemporánea. Aquí Pilar Ovalle reúne una incómoda yuxtaposición del tronco muerto proveniente de un árbol maduro con formas emergentes en madera finamente talladas y unidas. La madera con todas sus variaciones, reunidas tal cual es, sugiere una aparición de lo que surge, una afirmación gestual de apariencia infinita del crecimiento del espíritu humano.  La sugerencia apunta a mejorar del impulso cultural, a evolucionar, a encontrar un corazón en toda esta materia muerta; la madera. La forma emergente sugiere una cadena infinita del ser, una vida interior y exterior, una manifestación de la energía de la vida más allá de su condición pasajera, efímera, de las huella del ser: la vida aparece como una interminable fuerza cambiante. La madera interior en el ensamblaje escultura de Ovalle es paquió. Además también emplea lenga de la Patagonia en esta obra.
En los nuevos trabajos presentes en esta exposición, el cuerpo humano se convierte en un punto de partida, el pretexto para explorar nuestra conectividad cultural con la naturaleza.
Heads/Drawers funciona como un ensamblaje de madera en forma de cubo, que mediante la colaboración de elementos emergentes y de otros elementos parciales, forman un punto de inteligencia. Se trata de la propia inteligencia natural como lo refleja, quizás, nuestra memoria biogenética. Lo racional y lo emocional, la pasión y la razón existen en directa relación recíproca. Ovalle nos presenta un espejo de nuestra presencia física e inconsciente que resuena a través del medio natural. Como ella misma sostiene: “estamos entre nosotros mismos y la naturaleza, y de alguna manera, nuestra experiencia de vida puede ser un espejo ante la naturaleza (…) y eso puede convertirse en un lenguaje en sí mismo, este reflejo, la transformación y la comunicación.” (3)
Somos parte de una totalidad cósmica. Algunas secciones han sido elaboradas, racionales mientras otras aún construyen un ritmo, un ritmo natural que subsiste y que incluye a la persona humana con su presencia.  Esta relación entre mente, cuerpo y medioambiente es particularizada, segregada aunque no deja de ser omnipresente, como esas secciones de madera hermosamente entrelazadas y esos elementos esculpidos.  Así es, son cabezas retratadas conseguidas con gran sofisticación, las obras más recientes de una elocuente, consumada y resuelta escultora.
Lo que nos rodea es tan poderoso, lo que está reflejado en Heads/Drawers de Ovalle, como en la escultura per se. Ella concibe su trabajo de esa forma: como parte de su conciencia. Y son, precisamente, la conciencia y la inconsciencia las que se entretejen en esta escultura holística pese al énfasis estructural y vertical como una aceptación de que la razón contiene y, sin embargo, es sólo parte de la imagen que se empapa en un mundo mayor de asociación inconsciente y de afirmación. La estructura hierática en madera -y no en piedra- se remonta a la escultura medieval pero transforma y reconstruye las asociaciones con el ojo de la naturaleza fijo en el centro de esta visión.
En palabras de William Blake:
El árbol que mueve algunos a lágrimas de felicidad, en la mirada de otros no es más que un objeto verde que se interpone en el camino. Algunos ven la Naturaleza como algo ridículo y deforme, pero no es a ellos a quienes dirijo mis proposiciones. Otros no ven nada en la Naturaleza.  Pero para los ojos de la persona de imaginación, la Naturaleza es la propia imaginación.

Los Sarcófagos o Cuerpos en sudarios (2016) se convierten en un reflexión en torno al delgado velo entre la vida y la muerte. Del mismo modo, la madera contiene y, sin embargo, es también el lenguaje de de esta escultura tal como ha ocurrido a lo largo de los años en obras de Pilar Ovalle como Cabeza (2009), Voz de Génesis (2009) o Eclosión (2009). O incluso en trabajos más recientes como Orígenes, creada para los Royal Botanical Gardens de Canadá. Ovalle encuentra sus respuesta en el contexto de la naturaleza. En el caso de los Sarcófagos, levanta analogías con la arquitectura, el contenedor y el contenido. El cuerpo humano se muestra contenido dentro de una estructura. Eternos, somnolientos, muertos o vivos, estos cuerpos durmientes son, en cierto modo, las dos caras de una misma moneda. La vida y la muerte coexisten. Los Sarcófagos o Cuerpos en sudarios construyen una metáfora consciente dentro del continuo del tiempo y el espacio. El contenedor y el contenido revelan la inexactitud de nuestra lectura del lugar que nos toca en vida y a cambio nos ofrecen la posibilidad de realizar una vida total. El cuerpo durmiente de la naturaleza existe en conjunto con estos casi humanos cual significantes que construyen un diálogo con nuestra historia humana, al igual que aquellos viejos sarcófagos de madera o de roca de la Antigüedad, del Medioevo y de las restantes etapas. La historia continua, pero la naturaleza jamás duerme.
Estos gestos escultóricos, estas esculturas procesuales, revelan el ritmo de la naturaleza y, al hacerlo, liberan las energías de nuestra memoria corporal. Ovalle busca reintegrar nuestro sentido del ser en un mundo donde la desconexión entre humanidad y naturaleza es más grande que nunca. Natural y humano, el proceso de Ovalle consiste en extraer una refinada estética expresiva, un lenguaje que construye sobre el lenguaje de la naturaleza. La entropía, la presencia holística y el diálogo eterno con el tiempo sobre el misterio esencial de la vida y su ciclo inacabable. Estos temas y peculiaridades importantes de la condición humana son acogidos, absorbidos y traducidos por Pilar Ovalle a través de su proceso escultórico. Ovalle construye una estética emergente del futuro. La ausencia revela la presencia y viceversa. ¡Qué pequeños somos frente a todo eso! Las señales que nos envía Pilar Ovalle son sutiles, potentes, sensibles y complejas. Sus esculturas son una poderosa afirmación de los esfuerzos y de la capacidad humana por interactuar, por sobreponerse e integrarse con la naturaleza. Nuestra visión cultural se entrecruza con la naturaleza sin dominarla o controlarla. 
 
Al respetar la naturaleza, nos respetamos a nosotros.

Notas.
1. Irman E. Richter, ed. Selection from the Notebooks of Leonardo da Vinci, pp. 110-111
2. Pilar Ovalle en conversación con John K. Grande, Small Gestures Show, Mucsarnok / Kunsthalle, Budapest, 2016-10-17
3. Ibid
4. William Blake, Carta al Reverendo Dr. Trusler, 23 agosto 1799, np

John K. Grande ha estado a cargo de la curatoría de las exposiciones Earth Art y Eco-Art en distintos lugares del mundo, incluyendo los Royal Botanical Gardens en Canadá, los Van Dusen Botanical Gardens en Vancouver, el Pori Art Museum de Finlandia, en Merano, Italia, y en el Kunsthalle de Budapest. Sus libros sobre arte y ecología incluyen Balance: Art and Nature (Black Rose Books), Art Nature Dialogues (SUNY Press, New York). Recientemente le fue concedido el doctorado honoris causae por la Universidad de Pécs en Hungría, por sus escritos sobre arte, ecología y poesía.